El
sacerdote italiano fue asesinado por un joven musulmán
( Álvaro de Juana - Semanario ALBA nº 72) - Los primeros siglos del
cristianismo se caracterizaron por la fuerte persecución que los
seguidores de Cristo sufrieron, llegando incluso hasta el martirio. Los
perseguidos morían torturados, crucificados en la cruz o desgarrados
por las fieras en el Circo Romano. Pero lo hacían bendiciendo a Dios y
cantando mientras sufrían, sin apostatar de su fe. A lo largo de la
historia de la Iglesia católica no han sido pocos los canonizados que
“han constituido una siembra abundante de mártires en distintos
lugares del mundo” según Juan Pablo II.
Hoy en día siguen existiendo personas que mueren mártires por su fe.
Uno de ellos es el sacerdote italiano Andrea Santoro,
de 61 años, que el pasado 5 de febrero fue asesinado en Trabzon
(Turquía), mientras rezaba después de celebrar una eucaristía en su
parroquia. El sacerdote falleció de dos disparos en el corazón
realizados por un joven musulmán de 16 años –detenido ya por
la policía– que entró en la Iglesia al mismo tiempo que gritaba “¡Alá
es grande!” y disparaba contra el presbítero. El joven ha declarado
que asesinó al sacerdote influenciado por las caricaturas de Mahoma
publicadas en varios diarios europeos.
Como reacción al asesinato de Santoro, el vicario de Roma, el cardenal
Camillo Ruini, anunció la semana pasada que solicitará el proceso de
beatificación y canonización del misionero al darse “todos los
elementos constitutivos del martirio cristiano”.
Andrea Santoro fue enviado hace unos años a Turquía como sacerdote
“fidei donum”, (sacerdotes enviados por las diócesis más antiguas
a las Iglesias jóvenes de otros continentes como misioneros) donde le
fue confiada la iglesia de Santa Maria Kilisesi. Además de su labor
parroquial, dedicaba su tiempo a la asociación “Ventana para el Medio
Oriente” cuyo principal objetivo es el de estudiar, dialogar y orar
para propiciar y facilitar el encuentro entre Oriente y Occidente.
Antes de partir hacia Trabzon, en el mar Negro, el mártir fue párroco
de las iglesias romanas de Jesús de Nazareth y de los Santos Fabián
y Venancio. Las realidades eclesiales de su parroquia, como el
movimiento Focolar o el Camino Neocatecumenal, contaban con su atención
y apoyo, y fueron testigos del ansia evangelizadora del sacerdote.
“Nada hay imposible para Dios”. Recientemente, el misionero
asesinado escribió una carta a Benedicto XVI en la que le explicaba la
realidad parroquial en la que vivía: “Mi grey está formada por 8-9
católicos, muchos ortodoxos de la ciudad y los musulmanes, que
conforman el 99 por ciento de la población”. A continuación, le
transcribía una pequeña carta de tres mujeres georgianas de su
parroquia en la que invitaban al Pontífice a visitarles durante el
viaje que realizará a Turquía el próximo noviembre. Según Santoro,
estas feligresas son una “pequeña grey, como decía Jesús, que trata
de ser sal, levadura y luz en esta tierra”, por lo que “una visita
suya, aunque sea rápida, sería de consuelo y aliento. Si Dios
quiere… no hay nada imposible para Dios”.
La noticia de su asesinato ha conmocionado a medio mundo. La diócesis
de Roma, al conocer lo sucedido, envió un comunicado a través de la
agencia Fides en el que subrayaba que con “este trágico
acontecimiento se añade un nuevo eslabón a la larga cadena de
sacerdotes romanos que han derramado su sangre por el Señor”. “Don
Andrea había deseado y pedido intensamente dejar Roma para ir a
Anatolia, para estar en aquella tierra como testigo silencioso y orante
de Jesucristo, en el respeto de las leyes locales”. Así mismo,
Benedicto XVI al enterarse de la noticia, expresó su deseo de que la
“sangre derramada sea semilla de esperanza para construir una auténtica
fraternidad entre los pueblos” y añadió que eleva “oraciones
fervientes de sufragio por el valiente testigo del Evangelio de la
caridad” que desarrolló una intensa labor "en favor del
Evangelio y al servicio de las personas necesitadas y marginadas”.
“Perdono al asesino de mi hijo”. Miles de personas
despidieron a Andrea Santoro en la catedral de Santo Espíritu en
Estambul el pasado día 9 de febrero, día en el que otro misionero, José
Alfonso Moreira, fue asesinado en Angola de siete disparos cuando quince
personas irrumpieron en su habitación mientras éste dormía. La
Eucaristía fue presidida por el nuncio apostólico en Ankara, monseñor
Antonio Lucibello y contó con la presencia del presidente de la
Conferencia Episcopal de Turquía, monseñor Frannsceschini, que estuvo
acompañado de otros obispos católicos. La ceremonia se convirtió en
un verdadero acto ecuménico con la presencia de la Iglesia ortodoxa,
armenia y protestante y contó además con la asistencia de todas las órdenes
religiosas presentes en el país, de numerosos miembros de las
realidades eclesiales que tan bien conocía el sacerdote y de decenas de
musulmanes que quisieron honrar al misionero.
En Roma, el último adiós a sacerdote se lo dieron miles de personas en
la basílica de
San Juan de Letrán en una eucaristía presidida por el cardenal Ruini.
En la homilía, el vicario de Roma señaló que “su trágica muerte es
en realidad su glorificación” y recordó las palabras que la madre
del mártir pronunció cuando le dieron la noticia de la muerte de su
hijo: “Perdono a quien ha asesinado a mi hijo".
Andrea Santoro y José Alfonso Moreira decidieron abandonarlo todo e ir
de misión para evangelizar y dedicar su vida a Cristo. Han
muerto, como otros muchos, por amor a Él. Han muerto bendiciendo al
Padre.